Compatriotas:
1. La dignidad nos está convocando a la resistencia en
unidad frente al gobierno forajido, ilegítimo e ilegal que se ha tomado el Palacio de Nariño, a la convergencia y al Acuerdo
Nacional para superar la profunda crisis institucional y de gobernabilidad que abate al país, y para concertar caminos ciertos
hacia la paz duradera.
Colombia merece respeto. No podemos tolerar más esa mafia narco-paramilitar de latifundistas y ganaderos, narcotraficantes
y empresarios que, con el apoyo militar del gobierno de los Estados Unidos y el bombo de los medios de información, convirtieron
a Colombia en un infierno de la guerra, las masacres, las detenciones masivas de ciudadanos, las desapariciones, la miseria
y el saqueo, y de todos los desafueros del terrorismo de Estado.
2. El gobierno de Uribe marcha al compás de las directrices
de Washington y de las exigencias de poderosos capos narco-paramilitares como Salvatore Mancuso, Jorge 40, Castaño, Cuco Vanoy,
Isaza, Báez, Macaco, Don Berna, El Alemán, Giraldo, El Tuso, Gordo Lindo y otros siniestros personajes de motosierra y cocaína,
socios del Presidente. Esa mafia financió con maletas repletas de dólares las dos campañas presidenciales de Uribe.
Sí; ellos lo eligieron, y son ellos los que están mandando.
Impusieron a punta de fusil, de terror y de fraudes electorales a decenas de congresistas, gobernadores y alcaldes
que han actuado como peleles del paramilitarismo en la política y en el gobierno. Como se creían los dueños del país no tuvieron
reparo en proclamar con clarines de victoria que habían logrado elegir el 35% del actual congreso, lo que equivale a unos
80 representantes y senadores. Esos mismos votos contaminados llevaron a Uribe a la Presidencia de la República, y por eso
y mucho más, su mandato es ilegítimo e ilegal.
Este gobierno está erigido sobre miles de fosas comunes y masacres, sobre tierras despojadas y millones de desplazados,
sobre lágrimas y luto… Nada se hizo sin el visto bueno o sin la participación de las fuerzas armadas oficiales.
Toda la cúpula del Estado, empezando por el propio Uribe, cabecilla principal de los “paracos”, está invadida
por el monstruo de la narco-para-política que se tomó a Colombia. El Vicepresidente fue el inspirador del bloque paramilitar
que actúo sobre la capital. La comandancia del ejército y la policía no puede negar que siempre actuó en concierto para delinquir
con ellos. El ministro de Defensa conspiró con Carlos Castaño. La ex canciller Araújo era cuota de Jorge 40. El ex jefe del
DAS Jorge Noguera, además de montar con ellos el conocido fraude electoral a favor de Uribe, les suministraba la lista de
los dirigentes sindicales y populares que debían asesinar.
Al país se lo estaban robando los mandamases paramilitares y Uribe no decía nada. Se robaron los recursos de la salud.
Mordieron cuanto contrato aparecía. Saquearon los presupuestos departamentales y municipales. Se les permitió cobrar impuestos…
El Acuerdo de Ralito, pacto de las tinieblas entre el gobierno y sus paramilitares, fue el pacto de la impunidad, en
el que el gobierno se comprometió a garantizarles penas irrisorias y simbólicas, participación en política, la no extradición,
el respeto a sus riquezas mal habidas amasadas con el despojo, el narcotráfico y el lavado de activos.
Esa es la razón que ha compelido al Presidente Uribe al desacato y al desafío insólito frente a la providencia de la
Corte Suprema de justicia que dictaminó que paramilitarismo y concierto para delinquir no es sedición. Él entiende que sin
el rótulo artificial de delito político que pretendía colgarle al paramilitarismo para santificarlo, se le cierra la más importante
opción de impunidad con que contaba, no sólo para favorecer a los paramilitares, sino para exculpar al Estado, genitor de
esa inhumana estrategia contrainsurgente en la que también están involucradas la CIA y la DEA.
Es que Uribe se ha merecido el repudio de los pueblos que en sus giras internacionales lo recibe con gritos de asesino,
asesino; que renuncie por paramilitar, por ilegítimo y por ilegal.
Cualquier gobierno del mundo en tales circunstancias ya habría caído sin remedio. Y los colombianos no somos menos
para tolerar semejantes gobernantes, así cuenten con el respaldo del gobierno de los Estados Unidos.
3. Colombia está siendo violentada además por la política
de Seguridad Democrática diseñada por Washington como desarrollo de la vieja Doctrina de Seguridad Nacional y como estrategia
de predominio del imperio sobre los pueblos de Nuestra América. En esencia esta política -explicada por el general Craddock
del Comando Sur- busca en el marco de la recolonización neoliberal, asegurar la inversión y el expolio de las trasnacionales
mediante la aplicación de leyes severas y la fuerza, para reprimir y aniquilar la resistencia de los pueblos y la inconformidad
social.
No podemos permanecer impasibles frente a esta política que ya empieza a ser ejecutada también por otros gobiernos
del hemisferio.
Para el caso de Colombia la Seguridad Democrática tiene como componente militar el Plan Patriota, cuyo objetivo principal
es la derrota militar de la guerrilla de las FARC, o en su defecto la reducción de su voluntad de lucha para llevarla doblegada
a la mesa de negociaciones. Desde luego no se sienten tranquilos con esta alternativa de poder construida por el pueblo como
resistencia a décadas de violencia estatal y de opresión.
Con ese objetivo de derrotar a la guerrilla movilizaron decenas de batallones y brigadas móviles hacia el sur y lanzaron
grandes y sostenidas operaciones en otras áreas del país. Instalaron puestos de mando con oficiales gringos en Larandia y
Tres Esquinas, Caquetá, en los umbrales de la Amazonía que codician. Activaron satélites espías y aparatos con tecnología
militar de punta. Desplegaron cercos estratégicos, bloquearon zonas campesinas, desplazaron a la población, asesinaron y desaparecieron
civiles, incendiaron parcelas, robaron ganados, bombardearon día y noche, trillaron selva y cordilleras, y no han podido en
cinco años mostrar un resultado contundente. Sólo el desgaste inútil y el resquebrajamiento de la voluntad de lucha de las
tropas oficiales que mueren en la selva o salen lisiados de ella, porque así lo quiere un loco guerrerista que vocifera en
Bogotá y echa generales por ausencia de resultados o partes de victoria.
De la pólvora y el fragor de los combates está surgiendo una fuerza guerrillera de nuevo tipo, fogueada en las maniobras
enemigas y en el choque con las nuevas tecnologías de la operatividad contrainsurgente, guerrilla que es verdadero poder de
fuego político y militar al servicio de la causa popular.
Pero paralelamente al desarrollo del Plan Patriota en los distintos teatros de operaciones, el gobierno iba entronizando
el delito de opinión, la represión de la conciencia, hasta llegar a encarcelar a más de 150 mil ciudadanos acusándolos de
simpatizar con la guerrilla. En aras de disuadir el respaldo al proyecto político y social de la insurgencia se está cercenando
en Colombia el derecho universal a la opción política. No le bastó eliminar físicamente a toda una generación de revolucionarios
que se incorporaron a la Unión Patriótica como alternativa legal de cambio; ahora quieren imponer un pensamiento, el de la
nueva inquisición, de la derecha y el fascismo. Un pensamiento que criminaliza la protesta social con el cuento que detrás
de toda movilización popular contra las políticas del gobierno está la guerrilla. Un autoritarismo que quisiera barrer con
la autonomía y la independencia de las otras ramas del poder público para establecer sin sobresaltos constitucionales el reino
de la tiranía, que sólo tolera las oposiciones que no se propongan el cambio del statu quo, de las estructuras de la opresión.
4.Esa derecha fascista activó el presupuesto de la nación
en función de la guerra y el resultado es el desastre social. Niños que mueren de hambre, crecimiento de la pobreza y del
marginamiento, abandono total de los proyectos de construcción de vivienda popular; la mayoría de la población sin servicios
de agua, luz y alcantarillado. Indiferencia del gobierno frente a la carencia de escuelas, colegios y maestros porque optó
por la privatización de este servicio, lo mismo que el de la salud. Recorte de las transferencias que paraliza el desarrollo
de las regiones. Venta de empresas rentables del Estado para allegar más recursos a la guerra. Privatización paulatina de
empresas estratégicas como ECOPETROL. Incremento de los índices de desempleo y subempleo al impulso de la flexibilización
laboral que pisotea los derechos de los trabajadores y dispara las ganancias de los empresarios. Hambre y alto costo de la
vida es lo que generan las políticas del Estado contra la masa popular. Perspectivas de agudización de la crisis social con
la aprobación del TLC que atenta contra la patria, la soberanía y la calidad de vida de los colombianos.
La perfidia con que actúa el Estado debe ser respondida con la movilización de pueblo en acciones de calle y bloqueo
de carreteras que paralicen el país en demanda de los derechos conculcados para constatar en la lucha de masas la fuerza de
los de abajo y para buscar la convergencia de todos los sectores democráticos bajo una sola bandera política y social con
miras a conformar un nuevo gobierno que trabaje por la paz, la justicia social y el rescate de la dignidad y la soberanía
del pueblo de Colombia.
5. Para la construcción de esta alternativa ponemos a consideración
del país, de sus organizaciones políticas y sociales, de todo el pueblo, la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia para
abrir la discusión y el intercambio en torno a las banderas y programa de un nuevo gobierno que sugerimos patriótico, democrático,
bolivariano, hacia un nuevo orden social, comprometido en la solución política del grave conflicto que vive el país.
Un gobierno cuya divisa en política internacional sea la patria Grande y el Socialismo y que priorice la integración
de los pueblos de Nuestra América. Por eso la política de fronteras de FARC opta por la hermanación y no por la confrontación
con los ejércitos de los países vecinos. Nuestra lucha es de resistencia y liberación frente al régimen opresor colombiano.
Un nuevo gobierno que materialice el proyecto político y social del Libertador, que conforme un nuevo Ejército Bolivariano
para la defensa de la patria y las garantías sociales. Un nuevo orden edificado sobre la democracia y la soberanía del pueblo,
que agregue a las ramas del poder público los poderes moral y electoral, que instituya el congreso unicameral y la revocatoria
del mandato. Un nuevo sistema de gobierno que castigue con severidad la corrupción y la impunidad, que ponga fin a la política
neoliberal, que estimule la producción en sus diversas modalidades, que asuma el control de los sectores estratégicos, que
haga respetar nuestra soberanía sobre los recursos naturales y que implemente políticas eficaces de preservación del medio
ambiente. Un gobierno que trabaje por la gratuidad de la educación en todos los niveles, que instrumente la redención social,
la justicia agraria, que renegocie los contratos con las trasnacionales que sean lesivos para la nación, que deje sin vigencia
los pactos militares, tratados y convenios que mancillen la soberanía de la patria, que no extradite nacionales, que objete
el pago de la deuda externa en aquellos préstamos viciados de dolo en cualquiera de sus fases. Un gobierno cuya divisa en
política internacional sea la Patria Grande y el Socialismo y que priorice las tareas de la integración de los pueblos de
Nuestra América.
Es hora de analizar y seleccionar la ruta que nos conduzca a la paz, a la independencia, la justicia social, la democracia,
y la unidad como camino para sobrevivir y enfrentar con éxito las políticas de los imperios.
6.La paz es un proceso, un bien común que requiere de todos
la preparación del terreno para que germine. No se logra de la noche a la mañana. Necesita nuevas estructuras económicas,
políticas y sociales que la sustenten, cambios como los que sugiere la Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia.
No habrá paz de los sepulcros. Todos los planes militares de las oligarquías y el imperio para exterminar a la insurgencia,
desde el LASO ((Latin American Security Operation) ejecutado en Marquetalia, hasta el Patriota, han fracasado porque el alzamiento
armado por causas sociales, económicas y políticas, no se derrota ni con bombas, ni con plomo, ni tecnologías recién creadas.
Por chifladura o demagogia electorera, Uribe ha anunciado estar dispuesto a oficializar una zona de encuentro para
firmar la paz en tres meses. 43 años de confrontación no se superan en tan corto tiempo. La problemática política, económica,
social, cultural, ambiental y de soberanía del país no se puede resolver en 3 meses, a no ser que alguna de las partes haya
derrotado al contendor, y este no es el caso. Uribe no es el hombre para la paz en Colombia. No está programado por los gringos
para eso. Un tipo que ni siquiera reconoce la existencia del conflicto armado no logrará la paz por ninguna vía. Sólo un nuevo
gobierno patriótico y democrático, soberano, podrá lograr la paz negociada, no un gobierno títere de la Casa Blanca. Se necesitaría
un gobierno compenetrado con la necesidad de la paz, que apoyado en el pueblo y el interés nacional tome la decisión de regresar
las tropas a sus cuarteles, de reducir drásticamente el presupuesto de la guerra a favor de la inversión social y de exigir
la salida del país de las tropas y asesores estadounidenses entrometidos en el conflicto interno y factor atizador de la guerra,
para darle paso resuelto a los diálogos de paz.
7. La paz merece todos los esfuerzos y sacrificios del país y empieza con el consenso de sus fuerzas fundamentales,
de sus organizaciones políticas y sociales, para crear entre todos una nueva alternativa política de poder que se convierta
en gobierno soberano y digno, altivo frente a Washington, empeñado en la mayor suma de felicidad posible para el pueblo según
el mandato del Libertador.
Es necesario empezar cuanto antes el intercambio y el reencuentro de todos los actores de la transformación social
y la paz, incluida la guerrilla, en torno a esta perspectiva. Aquellos que desde la servidumbre del establecimiento pregonan
la exclusión de la insurgencia con rebuscados argumentos, lo hacen para inducir a la formación de una alternativa enclenque
que sea presa fácil de los poderosos explotadores de siempre.
Proponemos despegar lo más pronto posible con los primeros contactos clandestinos, sin darle importancia al gobierno,
para convenir un derrotero y para ir esbozando colectivamente algunos trazos programáticos para la redención de Colombia.
Invitamos a este diálogo a los dirigentes revolucionarios, a los sectores democráticos de los partidos, a la gente
avanzada del clero, a los militares patriotas y bolivarianos, a los líderes obreros y campesinos, estudiantiles, comunales,
indígenas, a las negritudes, a los educadores, a las mujeres… a todos los liderazgos populares, para juntar anhelos
y emprender juntos el camino hacia la Nueva Colombia.
8. El objetivo es la creación de una alternativa para el cambio, surgida de un Gran Acuerdo Nacional por la paz, la
justicia, la soberanía y el decoro de la nación, que se proponga un nuevo gobierno para salvar a Colombia del abismo, para
recuperar la dignidad mancillada por el gobierno forajido de fascistas narco-paramilitares bendecidos por Washington, una
nueva conducción de los destinos de la patria que proscriba la represiva y expoliadora Seguridad Democrática del imperio y
la política neoliberal, que rescate la soberanía del pueblo, reestructure el Estado con el fin de garantizar el bien común
y conforme un Ejército Bolivariano guiado por el amor al pueblo, la justicia social y la defensa de la Patria. En fin, un
gobierno que convoque una Asamblea Nacional Constituyente para darnos una nueva Constitución que refrende los cambios a favor
del pueblo, hacia la paz y la convivencia, la verdadera democracia, la soberanía y la integración solidaria de los pueblos,
como mandatos emanados de ese gran Pacto Social.
No nos queda otra alternativa que buscar unidos el camino para salir de la oscura noche orientados por la vislumbre
de la justicia y la alborada nueva de la Gran Colombia.
Hacia la Nueva Colombia, Acuerdo Nacional por la Paz
Secretariado
del Estado Mayor Central de las FARC
Montañas de Colombia,septiembre de 2007
EEUU frente a los cinco cubanos
Juan Guzmán
Tapia
El Periódico
En 1996, 26 avionetas pilotadas por cubanos anticastristas habían partido desde Miami en distintos
días y sobrevolado el espacio aéreo de Cuba, lanzando volantes con propaganda en contra del régimen. El Gobierno cubano protestó
y advirtió a EEUU que ejercería su legítimo derecho a defenderse y adoptaría medidas más drásticas para impedir esa violación
y la posibilidad de actos terroristas como aquel que en 1976 causó la muerte de 73 personas.
Poco después de dicha advertencia, tres avionetas sobrevolaron nuevamente el espacio aéreo de la
isla y dos fueron derribadas por las fuerzas armadas de Cuba, a consecuencia de lo cual murieron cuatro cubanos contrarios
al régimen castrista.
Era necesario culpar a alguien. Entonces, en 1998, el Gobierno de Estados Unidos acusó a cinco
cubanos de infiltrarse en grupos terroristas de exiliados cubanos que elaboraban permanentemente estrategias para sembrar
el terror en Cuba y frustrar el turismo en ese país.
LOS CUBANOS
René González, Fernando González, Antonio Guerrero,
Gerardo Hernández y Ramón Labaniño vieron cómo se desmoronaron sus vidas a raíz de una mentira. Mentira necesaria
como aquella que permitió que EEUU invadiera Vietnam, Afganistán e Irak, y que ventila hoy para invadir algún día Irán, país
productor de petróleo.
Se dijo al mundo que los cinco eran culpables de conspiración para cometer espionaje y conspiración
para cometer asesinato, entre otros 24 cargos más. Estos hechos jamás se probaron porque jamás existieron. Es distinto infiltrarse
entre grupos de terroristas que pretenden atentar contra tu propio país que espiar a otro país, EEUU, como lo sostuvo su gobierno.
Sin
embargo, en Miami tuvo lugar un juicio, con un jurado atemorizado por la población activista de cubanos exiliados. Está establecido
que para amedrentar a los miembros del jurado, desconocidos les tomaban fotografías cuando entraban o salían del tribunal,
como también de las matrículas de sus autos, además de amenazarles. Lo cierto es que el jurado pronunció el veredicto de culpabilidad,
quedando los cubanos condenados a penas de presidio perpetuo y presidio por más de 19 años.
Conviene aclarar que estos
jóvenes se habían vinculado con distintos grupos cubanos terroristas porque perseguían una meta: el legítimo derecho de su
pueblo de saber qué planes se gestaban en su contra e impedir que se realizaran. Por eso fueron proclamados héroes por el
Parlamento cubano.
Uno de ellos se relacionó con grupos dirigidos por Orlando Bosch, quien se hizo mundialmente
conocido, en junio de 1976, por ser el autor intelectual de la explosión de un avión civil cubano en pleno vuelo, asesinando
de ese modo a 73 personas. Este personaje también participó en la operación Cóndor (red de las policías y fuerzas militares
de las dictaduras de los países del cono sur de América, para asesinar a sus ''enemigos internos'') y en el atentado que le
costó la vida al excanciller chileno Orlando Letelier y a la estadounidense Ronny Moffit,.
Así, por tratar
de resguardar y proteger a Cuba, estos jóvenes fueron catalogados como terroristas, lo que nos demuestra que estamos en un
mundo al revés. En un mundo donde los que luchan por la paz y por la seguridad de los suyos son encerrados. Sin embargo, los
peligrosos, los que ponen en jaque a diario la vida de personas inocentes que solo reclaman por su derecho a vivir tranquilos
y en paz, siguen impunes en su torre de marfil.
Esa es la realidad que están enfrentando los cinco, quienes
en forma estoica y con gran fortaleza libran una legítima pelea para recuperar su libertad, demostrando que jamás cometieron
espionaje y que jamás estuvo en sus planes atentar contra EEUU. El supuesto espionaje, repito, es una maquinación del Gobierno
norteamericano, que solo busca desprestigiar a la nación cubana, la única que ha podido enfrentar al gigante del norte sin
ser jamás vencida.
EN AGOSTO de este año tuve la oportunidad de participar, en un tribunal de apelaciones de Atlanta,
como observador internacional, en la vista oral de una apelación en la causa referida y pude apreciar que no hubo espionaje,
no hay ni un solo documento clasificado que lo pruebe, nunca hubo peligro para Estados Unidos y no hubo conspiración. Hay
testigos, generales del Ejército estadounidense, que han manifestado que jamás ese país estuvo en peligro por la actividad
de los isleños. Como juez, creo honestamente que un tribunal que busca la justicia, el imperio del derecho y la paz social
tiene que absolver a los cinco cubanos.
Está acreditado que los fiscales norteamericanos han hostigado al jurado en
28 ocasiones. Un ejemplo concreto de hostigamiento lo presencié: una fiscal le dijo al presidente del tribunal de apelaciones
que él no conocía el expediente completo, sino solo la parte que convenía a la defensa. Esa presión tenía por objeto recordar
al tribunal que el Gobierno de EEUU sabe lo que está pasando y que no admite que falle a favor de los cubanos.
UNO
DE LOS defensores, Leonard Weinglass, insistió en que el jurado de Miami no tenía la capacidad de digerir un juicio
de esa naturaleza. Que bastaba que se utilizaran las locuciones ''espionaje contra Estados Unidos, homicidio o conspiración'',
o que se hablara de terrorismo para que ese jurado estuviera predispuesto a pronunciarse contra los cubanos.
Este proceso
es un caso político que no se ha resuelto en derecho, sino a consecuencia de las presiones. Es tiempo de que la historia de
estos cubanos retome el cauce de la justicia para que regresen a su isla, al seno de sus familias y continúen sus vidas ya
truncadas para servir a su patria, como lo hacían antes de la acusación injusta en su contra promovida por el Gobierno de
Estados Unidos.
Exjuez y decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Chile.
Intervención
del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba ante la Asamblea de la ONU
El presidente Bush debe responder ante el mundo por sus crímenes
Felipe Pérez
Roque
Rebelión
Debate General del 62 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. 26 de
Septiembre de 2007, Nueva York
Señor Presidente:
Nunca antes se habían hecho tan evidentes los peligros reales que acechan a la especie humana;
nunca antes se habían hecho tan evidentes las violaciones al Derecho Internacional que ponen en creciente peligro a la paz
y la seguridad internacionales; nunca antes se habían hecho tan evidentes la desigualdad y la exclusión, que golpean a más
de las dos terceras partes de la población de nuestro planeta.
Poner fin al despilfarro y al frenesí consumista que promueven las grandes corporaciones y los
grupos de poder de un reducido grupo de países desarrollados, que derrochan a costa de la pobreza y la perpetuación del subdesarrollo
en una vasta periferia de países pobres en los que malviven miles de millones de personas, se ha convertido en un factor clave
para la subsistencia de la humanidad. La reunión de alto nivel de esta Asamblea General, efectuada hace tan solo dos días,
dejó claro el peligro que representa el acelerado calentamiento global que ya padecemos y su efecto en el cambio climático.
Hay que actuar, y hacerlo rápido, y los países desarrollados tienen el deber moral y la responsabilidad histórica de dar el
ejemplo y encabezar el esfuerzo.
Por otra parte, varios de nuestros países, siempre del Sur, siguen siendo víctimas de inadmisibles
actos de agresión por parte de los poderosos de siempre, motivados, en lo esencial, por el insaciable apetito de recursos
estratégicos. Las guerras de conquista y la proclamación y aplicación de doctrinas basadas en la guerra preventiva, que no
excluyen el uso de armas nucleares incluso contra Estados que no las poseen, y el uso reiterado de pretextos tales como el
supuesto combate al terrorismo, la pretendida promoción de la democracia o el llamado cambio de régimen en países unilateralmente
calificados como estados villanos, constituyen hoy la mayor y más grave amenaza a la paz y la seguridad en el mundo.
La agresión y ocupación ilegal de países, la intervención militar contraria al Derecho Internacional
y a los propósitos y principios de la Carta de la ONU, el bombardeo a civiles y la tortura siguen siendo prácticas diarias.
Bajo la falsa letanía de la libertad y la democracia, se intenta consagrar el saqueo de los recursos naturales del Tercer
Mundo y controlar zonas de creciente importancia geoestratégica. Ese y no otro es el proyecto de dominación imperial que intenta
imponer a sangre y fuego la superpotencia militar más poderosa que el hombre ha visto.
Lejos de actuarse en las relaciones internacionales según los principios de la solidaridad, la
justicia social e internacional, la igualdad y el desarrollo para todos, se emplean sin el mínimo pudor las prácticas de certificar
a países, de imponer bloqueos unilaterales, de amenazar con la agresión, de chantajear y coaccionar.
Si un pequeño país defiende su derecho a la independencia se le acusa de Estado villano; si una
potencia agrede a un país se dice que ''lo libera''. Un combatiente contra la agresión extranjera es un terrorista; un soldado
agresor es un ''luchador por la libertad''. Es la guerra mediática, la estafa de las verdades, la tiranía del pensamiento
único en un mundo globalizado.
En lugar de avanzar hacia el desarme general y completo, incluido el desarme nuclear, que ha constituido
por décadas un reclamo permanente del Movimiento de Países No Alineados, se promueve el armamentismo y el despilfarro en nuevas
armas y sistemas de armamentos que gastan los recursos que el mundo requeriría para mitigar los efectos del cambio climático
y para hacerle frente a los gravísimos problemas derivados de la pobreza y la marginación.
Se intenta impedir, politizada y selectivamente, la aplicación del principio, proclamado ya en
el Tratado de No Proliferación Nuclear, de que las naciones tienen derecho al desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos.
Se amenaza con la guerra y la destrucción a unos países mientras se le permite al aliado agresivo disponer de cientos de artefactos
nucleares y se le ayuda a modernizarlos continuamente.
¿Cuánto tiempo más tendrá que transcurrir y cuántas nuevas víctimas morirán antes de que los halcones
de la guerra comprendan que las armas no sirven para resolver los graves problemas de la humanidad?
Un día como hoy, vale la pena recordar las palabras del Presidente Fidel Castro ante esta Asamblea
General en octubre de 1979:
''Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra
era. Esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo. Esa es, además, la premisa indispensable
de la supervivencia humana''.
Señor Presidente:
Hoy no se avanza hacia el cumplimiento de las Metas del Milenio y de las decisiones de las grandes
conferencias de las Naciones Unidas efectuadas durante la última década.
La pobreza no disminuye. Crece la desigualdad entre los países y dentro de los países.
Mil cien millones de personas no tienen acceso a agua potable; 2 600 millones carecen de servicios
de saneamiento; más de 800 millones son analfabetos y 115 millones de niños no van a la escuela primaria; 850 millones pasan
hambre todos los días. El 1% de las personas más ricas del mundo posee el 40% de la riqueza, mientras el 50% de la población
mundial apenas cuenta con un 1%. Todo esto ocurre en un mundo que gasta un millón de millones en armas y otro en publicidad
comercial.
Los cerca de mil millones de personas que viven en países desarrollados consumen alrededor de la
mitad de la energía total, mientras que casi 2000 millones de pobres no conocen todavía la electricidad.
¿Es ese el mundo que quieren que aceptemos? ¿Es acaso el futuro con el que debemos conformarnos?
¿Tenemos o no derecho a luchar por cambiar este estado de cosas? ¿Debemos o no luchar porque un mundo mejor sea posible?
¿Por qué se despilfarran tan colosales recursos en la industria de matar y no se emplean para salvar
vidas? ¿Por qué no se construyen escuelas en vez de submarinos nucleares y hospitales en vez de bombas ''inteligentes''? ¿Por
qué no se producen vacunas en vez de vehículos blindados y más alimentos en vez de más bombarderos? ¿Por qué no se impulsan
las investigaciones para combatir el SIDA, la malaria y la tuberculosis en vez de para fabricar escudos antimisiles? ¿Por
qué no se libra la guerra contra la pobreza en vez de contra los pobres?
A pesar de que se necesitan sólo 150 mil millones de dólares para alcanzar las Metas del Milenio,
se afirma hipócritamente que no hay de donde obtener los recursos financieros necesarios. ¡Mentira! Sí hay dinero de sobra,
lo que falta es la voluntad política, la ética y el compromiso real de los que tienen que tomar las decisiones.
Si se quiere de verdad encontrar el dinero:
Cúmplase de una vez con el compromiso de dedicar el 0,7% del PIB a la Ayuda Oficial al Desarrollo.
Ello significaría más de 141 mil millones de dólares adicionales a los montos actuales. En el colmo de la simulación, los
países donantes contabilizan ahora las condonaciones de una deuda que saben que no podrán cobrar para inflar artificialmente
sus contribuciones.
Condónese la deuda externa, que nuestros países han pagado ya más de una vez. Ello permitiría dedicar
al desarrollo los más de 400 mil millones de dólares que hoy se dedican al servicio de una deuda que no deja de crecer.
Conclúyase la Ronda de Doha para el desarrollo y elimínense los 300 mil millones de subsidios agrícolas
de los países desarrollados. Ello permitirá dedicar ese dinero a luchar contra la pobreza rural, la inseguridad alimentaria
y a garantizar precios justos para los productos de exportación de los países subdesarrollados.
Reconózcase nuestro derecho al desarrollo. Garantícese nuestro derecho a acceder a los mercados,
las patentes y las tecnologías que hoy son monopolio exclusivo de los poderosos. Ayúdese a nuestros países a formar profesionales
y científicos y déjese de robarnos el talento.
Los países no alineados no necesitamos limosnas; necesitamos y exigimos justicia.
Respétese nuestro derecho a la diversidad cultural y a la preservación de nuestro patrimonio, nuestros
símbolos y nuestra idiosincrasia. Ese ha sido el reclamo unánime que los países no alineados acabamos de proclamar en Teherán,
en nuestra Reunión Ministerial sobre Derechos Humanos y Diversidad Cultural.
Señor Presidente:
Los países no alineados queremos unas Naciones Unidas más democráticas y transparentes, en las
que la Asamblea General, su órgano más representativo y democrático, ejerza realmente las facultades que le corresponden.
Necesitamos unas Naciones Unidas con un Consejo de Seguridad reformado, que actúe dentro del mandato
que le otorga la Carta constitutiva de la Organización, sin invadir las funciones y prerrogativas de otros órganos del sistema.
Un Consejo de Seguridad con una membresía ampliada, a tono con la composición actual de la ONU, donde los países subdesarrollados
somos mayoría. Un Consejo de Seguridad donde se reformen radicalmente sus métodos de trabajo para permitir la transparencia
y el acceso de todos los Estados Miembros a sus labores.
Defendemos unas Naciones Unidas donde el multilateralismo y las soluciones acordadas en el más
absoluto respeto a la Carta, constituyan la única vía de abordar y resolver los problemas actuales.
Necesitamos un Consejo de Derechos Humanos que impida la repetición de los graves errores de la
antigua Comisión de Derechos Humanos. Un Consejo que consagre en su práctica el principio de que los derechos humanos son
universales, indivisibles e interdependientes. Un Consejo que ponga fin a la selectividad y los dobles raseros. Los países
no alineados nos opondremos firmemente a las aviesas maquinaciones de algunos poderosos que, frustrados por no haber podido
lograr sus objetivos, pretenden ahora reabrir y cuestionar el acuerdo alcanzado en el arduo y difícil proceso de construcción
institucional del Consejo.
Los países no alineados no cejaremos en la defensa de los postulados con los que se fundó nuestro
Movimiento, que son similares a los de esta Organización. Fomentaremos entre las naciones relaciones de amistad basadas en
el respeto a los principios de soberanía, igualdad de derechos y libre determinación de los pueblos.
Continuaremos defendiendo el derecho del sufrido y heroico pueblo palestino a tener su propio Estado
con su capital en Jerusalén Oriental. Continuaremos condenando el genocidio que contra él se comete.
Seguiremos proclamando el derecho del pueblo de Puerto Rico a la soberanía y la independencia.
Los países no alineados representamos casi dos tercios de la membresía de Naciones Unidas. Nuestras
reivindicaciones no podrán ser preteridas ni nuestros intereses ignorados. Nos mantendremos unidos y nos apoyaremos en la
defensa de nuestros derechos. Haremos que nuestra voz sea escuchada.
Señor Presidente:
Aquí terminaba mi discurso como Presidente del Movimiento de Países No Alineados. Sin embargo,
la escandalosa y grosera actuación del Presidente de los Estados Unidos en esta sala, en la mañana de ayer, me obliga ahora
a pronunciar unas palabras a nombre de Cuba.
Empleando un lenguaje soez y un tono arrogante, el Presidente Bush insultó y amenazó a una decena
de países; impartió órdenes, terminante y autoritario, a la Asamblea General; y distribuyó, con una prepotencia jamás vista
en esta sala, calificaciones y juicios sobre una veintena de países.
Fue un espectáculo bochornoso. El delirium tremens del gendarme mundial. La embriaguez del poder
imperial, aderezada con toda la mediocridad y el cinismo de los que amenazan con guerras en las que saben que no se juegan
su vida.
El Presidente de los Estados Unidos no tiene ningún derecho a juzgar a otra nación soberana de
este planeta. Tener poderosas armas nucleares no da derecho alguno sobre los derechos de los pueblos de los otros 191 países
aquí representados.
¡Y no debe subestimarse la determinación y el coraje de los pueblos a la hora de defender sus derechos!
A fin de cuentas, lo que vale no es el poder de los cañones, sino la justeza de las ideas por las que se combate. El Presidente
belicoso y amenazante ya debería haberlo aprendido a estas alturas.
Igualdad soberana de los Estados y no ''cambio de régimen''. Respeto a la soberanía y no certificaciones
unilaterales de buena conducta. Respeto al Derecho Internacional y no bloqueos y guerras ilegales.
El Presidente Bush habló de democracia, pero todos sabemos que miente. Él llegó a la Presidencia
mediante el fraude y el engaño. Nos hubiéramos ahorrado ayer su presencia y habríamos escuchado al Presidente Albert Gore
hablar sobre el cambio climático y los riesgos para nuestra especie. Recordamos, además, cómo apoyó sin ambages el golpe de
Estado contra el Presidente y la Constitución de Venezuela.
Habló de paz, pero sabemos que miente. Recordamos bien cuando amenazó a 60 o más países, a los
que llamó ''oscuros rincones del planeta'', con hacerlos desaparecer de la faz de la Tierra con ataques preventivos y sorpresivos.
Bush es un curioso guerrero que, desde la retaguardia, manda a matar y a morir a los jóvenes de su país a miles de kilómetros
de sus costas.
Habló de derechos humanos, pero sabemos que miente. Es el responsable de la muerte de 600 mil civiles
en Irak, autorizó la tortura en la Base Naval de Guantánamo y en Abu Ghraib, y es cómplice del secuestro y la desaparición
de personas, los vuelos secretos y las cárceles clandestinas.
Habló de la lucha contra el terrorismo, pero sabemos que miente. Ha garantizado total impunidad
a los más abominables grupos terroristas que, desde Miami, han perpetrado horrendos crímenes contra el pueblo cubano.
El Presidente Bush atacó al nuevo Consejo de Derechos Humanos. Sangra por la herida; rumia su impotencia.
Lo martiriza la vergüenza de que, durante su Presidencia, Estados Unidos no puede siquiera aspirar a ser miembro, porque las
elecciones son por voto secreto. Cuba, en cambio, resultó elegida miembro fundador con más de dos tercios de los votos.
Habló de cooperación, desarrollo y prosperidad para el resto del mundo, pero todos sabemos que
miente. Ha sido el más egoísta e irresponsable político que hayamos visto. En un mundo en el que morirán este año 10 millones
de niños menores de 5 años por enfermedades prevenibles, sus mezquinas y demagógicas propuestas de ayer son una broma de mal
gusto.
El Presidente Bush no tiene autoridad moral ni credibilidad para juzgar a nadie. Debería responder
ante el mundo por sus crímenes.
Hay un límite a la arrogancia y la hipocresía. Hay un límite a la mentira y el chantaje. Cuba rechaza
y condena cada una de las mendaces palabras pronunciadas ayer por el Presidente de los Estados Unidos.
Señor Presidente:
Cuba agradece la solidaridad que ha recibido de esta Asamblea General en su lucha contra el bloqueo
y las agresiones que ha debido enfrentar durante casi cinco décadas.
Cuba agradece a los que han apoyado su lucha tenaz contra el terrorismo y han levantado su voz
a favor de la liberación de cinco luchadores antiterroristas cubanos encarcelados injustamente en prisiones de Estados Unidos.
Cuba luchará junto con todos los integrantes del Movimiento de Países No Alineados por alcanzar
un orden internacional más justo y democrático, en el que nuestros pueblos puedan ejercer su derecho a la paz y el desarrollo.
Se nos podrá acusar de soñadores, pero luchamos con la convicción de que los sueños de hoy serán
las realidades de mañana.
Luchamos con la convicción de que cuando hay hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en
sí el decoro de muchos hombres y en ellos va un pueblo entero, va la dignidad humana.